Desde hoy, ya es posible deshacerse de los electrodomésticos viejos en los puntos de venta

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Ya no hay excusas para no proteger el medio ambiente.

Los consumidores podrán entregar, desde hoy, en los comercios, de forma gratuita, un electrodoméstico usado por cada aparato nuevo que compren, gracias a la entrada en vigor del Real Decreto de Aparatos Eléctricos y Electrónicos.

La norma, que transpone una directiva europea, tiene como objetivo reducir la cantidad de residuos eléctricos y la peligrosidad de sus componentes, así como fomentar el reciclado de estos escombros de los que, se calcula, en España se producen 300.000 toneladas al año, aparte de los 70 millones de aparatos que se guardan «en los cajones de las casas » y constituyen el llamado «efecto tesoro ».

Uno por uno. La recogida deberá hacer posible que los consumidores devuelvan un aparato usado cada vez que compren un nuevo producto – principio «uno por uno »- . Además, habrá otros puntos de recogida donde los particulares y los distribuidores en posesión de residuos de aparatos eléctricos podrán depositarlos gratuitamente. El establecimiento de estos puntos de recogida se hará teniendo en cuenta su accesibilidad.

reciclajeTodos los productos comercializados a partir de hoy deberán estar marcados con un símbolo que represente un contenedor de basura tachado para que los consumidores sepan que no pueden deshacerse de ellos de cualquier manera. Los productores deberán proporcionar una garantía financiera que cubra los costes de recogida y tratamiento. Con ello se evitará que los «productos huérfanos » – es decir, los aparatos usados cuyos productores ya han desaparecido- , queden abandonados. El cumplimiento de estas normas generará un coste global estimado por la Comisión de entre 500 y 900 millones al año.

No obstante, el bolsillo de los consumidores puede verse afectado, pues se calcula que estos costes supondrán un encarecimiento en el precio de los electrodomésticos de entre el 1 por ciento en la mayoría de aparatos y un 3 por ciento en frigoríficos, televisores y monitores. De todas formas, el Ejecutivo comunitario señala que los beneficios de la legislación para la salud humana y el medio ambiente justifican los costes y los incrementos de los precios.

Asimismo, esta subida irá destinada a la gestión de los escombros y al establecimiento de un sistema propio, que deberá ser acreditado por cada una de las empresas productoras de dichos aparatos. El reciclado de residuos permitirá un ahorro de energía equivalente a 2,8 millones de toneladas de petróleo al año, y hará posible que se reduzcan los costes adicionales en la producción de material virgen. Con esta medida, los fabricantes de este tipo de aparatos tendrán la obligación de hacerse cargo del material eléctrico y electrónico una vez que se haya agotado el ciclo de vida de los productos.

El jefe de Gestión de Residuos del Ministerio de Medio Ambiente, José López de Velasco, declaró a Efe que a día de hoy la recogida de estos residuos es «prácticamente inexistente » en nuestro país, a pesar de que los objetivos de la UE establecen que para el 31 de diciembre de 2006 se deberá alcanzar una media de 4 kilos por habitante al año. Asimismo, señaló que la conciencia ecológica en España es «nula », a diferencia de lo que ocurre en países como Noruega o Dinamarca, donde se alcanzan alrededor de los 12 kilos de residuos por consumidor al año.

Hogar digital: el futuro en casa

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Mucho se ha escrito sobre domótica y hogar digital.

La interconexión de los electrodomésticos con un sistema capaz de programarlos entre sí o sistemas de seguridad conectados que permiten vigilar en todo momento el interior de la casa es algo muy cercano.

Las empresas dedicadas a este sector no han hecho más que proliferar en los últimos años. La domótica es el futuro, y así es como lo han visto compañías como Secosol, fundada en 2003 por Santiago Mazzuchelli Urquijo y Carlos Garrido de la Cierva, dos amigos que llevaron adelante la idea con un un capital inicial de 36.000 euros y tres meses más tarde hicieron primera ampliación de capital por un importe de 900.000 euros.

Mucha competencia

El trabajo de estos dos expertos (como colaborador del Instituto de Empresa en el campo de creación de empresas Santiago Mazzuchelli y como vicepresidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios Carlos Garrido), les llevó a comprobar las posibilidades que tenía un sector como la domótica en el ámbito de la seguridad: «nuestra experiencia profesional y académica nos permitió detectar un hueco en los sectores de la seguridad, las telecomunicaciones y en el campo inmobiliario ».

live_photo16838342No obstante, la competencia en el campo de la domótica es enorme, ya que tiene al sector inmobiliario como primer demandante y éste es muy dinámico por la gran cantidad de flujo monetario que maneja. «Esto nos ha obligado a buscar elementos diferenciadores, como son la facilidad en el uso de nuestro producto, la flexibilidad a la hora de incorporar componentes y todo a un precio asequible, en un mercado acostumbrado a cubrir un segmento muy elitista », afirman los fundadores de Secosol.

Con una plantilla actual de 24 empleados, Secosol posee una solicitud de productos muy alta, ya que la demanda inmobiliaria también lo ha sido. «Estos últimos años la demanda de vivienda ha sido muy alta, lo que implica que en España se construyan 700.000 viviendas al año. Y todo esto en un entorno donde ya hay 4 millones de hogares conectados con banda ancha y solo un 8% de las viviendas y locales de negocios están conectados a una Central de Alarma ».
Actualmente Secosol trabaja en un nuevo proyecto, llamado CAROLine, una plataforma de servicios al hogar y los locales de negocio. «Nos pusimos a trabajar en el análisis del uso de las nuevas tecnología en los hogares, sobre todo en el campo de la seguridad, introduciendo visualización y esto nos animó a desarrollar el primer producto en el que incorporamos la visualización, el control remoto y los avisos de incidencias a los teléfonos móviles y ordenadores. Así nació la empresa Secosol y CAROLine ».

Aunque hasta ahora la domótica se dirigía hacia un público más bien elitista, las empresas dedicadas a este sector ya están ofreciendo productos a los que podrá acceder el consumidor medio. Por unos 1.500 euros una casa puede estar segura con sistemas con los que se interactúe de forma remota ».

Y los resultados de esta demanda no se han hecho esperar: «superamos la facturación de 300.000 euros sin haber iniciado la comercialización solo con los primeros contactos con algunas promotoras ».

Los nuevos consumidores

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Se ha publicado recientemente la novena edición de «El Observador Cetelem », una especie de doxómetro sobre las tendencias en el consumo a corto plazo.

El alma de la obra es Salvador Maldonado. Se impone un homenaje nacional a ese andaluz observador, perito en curiosidades. La ocasión me da pie para echar mi cuarto a espadas sobre el peso que pueden tener los elementos no económicos en el consumo.

Después de todo, compramos lo que compramos no sólo porque disponemos de dinero, sino porque formamos parte de un ambiente, una cultura. A su vez, esa corriente cultural va cambiando, lo que lleva a que se transformen las pautas de consumo. Asombra lo decididos que son los españoles para incorporar las novedades técnicas y lo remisos que son para utilizar internet como instrumento de compra.

Consumo online

 

Prácticamente sólo se recurre a internet para adquirir artículos de ocio. Por lo demás internet (ya es nombre común, habrá que apearle la mayúscula) es un medio de diversión, para informarse y relacionarse. A la hora de comprar, los españoles llevan dentro la vieja divisa de los romanos «cáveat emptor » (tenga cuidado el comprador). Es decir, no se fían y necesitan ver los dientes y las pezuñas de la caballería.

Por otra parte, lo de comprar es parte de una función más amplia, que es la de salir, muchas veces en compañía. De ahí el éxito de los centros comerciales, que cada vez más son también de ocio. Se nos dice que va a aumentar el teletrabajo, esto es, el trabajo realizado a distancia desde el domicilio a través del ordenador y artilugios conexos.

Es cierto, pero hay que ver los costes junto a las indudables ventajas. Habrá que acondicionar las casas y sobre todo habrá que ver el riesgo de que aumenten las tensiones familiares si los adultos permanecen en el hogar todo el tiempo.

No confían los españoles en que la edad de jubilación se vaya a retrasar más allá de los 65 años. Pero esa tendencia se impondrá, queramos o no. Es más, a la larga, desaparecerá la noción de que haya que jubilarse necesariamente a una edad. Algunos sociólogos, como Enrique Gil Calvo, avizoran esa realidad de manera inmediata. Espero verla, ya que no disfrutarla.

De momento, ya tenemos una pléyade de catedráticos eméritos de Universidad que están activísimos después de jubilarse. A esa fracción me apunto. La observación sistemática de las tendencias del consumo anticipa una reconciliación entre la comida y la farmacopea. No en el sentido de que nos alimentaremos de píldoras, sino que la comida cumplirá una función más expresa de prevenir enfermedades, ahora llamadas patologías. La cosa está en marcha con la importancia creciente de las dietas, de los alimentos estudiados para evitar el exceso de grasa, de colesterol y otras miserias.

El consumidor se detiene, curioso, a ver la composición química de los alimentos, incluso del agua. Ese dato figurará alguna vez en la carta de algunos restaurantes. Por un lado, el desarrollo de las tendencias en el consumo nos va a acercar a lo que se estila en los países más adelantados. Pero esa convergencia se va a lograr, se está logrando ya, en los asuntos periféricos, las modas, el comportamiento externo. En el fondo seguirán pesando ciertos hábitos tradicionales, los que impone el pozo cultural. Por ejemplo, aunque tampoco sea muy tradicional, seguirá influyendo la costumbre que tenemos los españoles de retrasar la hora de la comida del mediodía hasta bien entrada la tarde. Me interesa mucho el conjunto de datos del Observador referidos al consumo de electrodomésticos, pues determina muchos aspectos del vivir cotidiano.

electrolux-enl60710x-fridge-lrLos de la «gama blanca » (frigoríficos, lavadoras, batidoras, etcétera) están teniendo un crecimiento desconocido en España, al compás de la frenética instalación de viviendas nuevas. Más interesante aún es el gasto medio por familia en electrodomésticos de todo tipo según las Comunidades autónomas.

Es conocida la queja de los expertos respecto a la infraestimación de las cifras de ingresos (PIB) con los datos oficiales. Concretamente, esa estadística oficial infraestima el PIB de la Comunidad Valenciana y de la Región de Murcia, donde florecen no solo los cítricos sino el dinero negro. No puede ser que Alicante tenga una renta per cápita menos que la de Teruel o Soria. El gasto por familia en electrodomésticos en 2004 nos reconcilia con la realidad. El valor es máximo en la Comunidad Valenciana, seguida de Navarra, Murcia, Cataluña y Madrid.

Esa ya es otra cosa. Está claro que los cálculos oficiales del PIB no sirven de mucho. No sería yo si no hiciera una crítica al léxico del sector de electrodomésticos. La palabra es horrible. A ver si aprenden del sector asegurador que logró – hace mucho tiempo- que llamáramos a los seguros de muerte seguros de vida. Tampoco estoy de acuerdo con las etiquetas de «gama blanca » y «gama marrón ».

El color no es un buen criterio de clasificación. Sería mejor agrupar a los artilugios domésticos en inmuebles (van con la casa: cocina, alarma, lavadora, etcétera) e inmuebles. No estaría mal que se fuera superando el color blanco para los frigoríficos y el negro para los aparatos audiovisuales. Son adscripciones simbólicas que no tienen mucho sentido. Ya hace mucho tiempo que las sábanas, las toallas o la ropa interior abandonaron la exclusividad del blanco. Los nuevos consumidores son caprichosos. El color es gratis.

Energía y vida

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Nuestro futuro sólo se llenará con electrodomésticos.

Es lo único por lo que vamos a acabar luchando, si no lo estamos haciendo ya. La comodidad, el único mayordomo que muchos se podrán pagar, es la lucha de clases de esta era post-global.

Cuanto más cómodos, más esclavos

En Japón, la última revolución es que al entrar en el cuarto de baño, el váter te saluda y se somete: levanta la tapa por sí solo y te acoge calentito para que al sentarte no sientas el frío del desconsuelo.

Al acabar de soltar toda la rabia contra el mundo, la taza, con sólo pulsar un botón, te echa jabón y te enjuaga con un chorro de agua, por supuesto, templado y preciso. El invento no está en los laboratorios, sino que ya es algo tan habitual como el tatami, como la bañera que se detiene cuando ella misma juzga que ha alcanzado el nivel exigido por la sequía de turno y te mantiene el agua tan caliente como nuestros deseos sin que nunca llegue a congelarse.

No sin antes haberte avisado de que el señor ya tiene el baño preparado.

La lavadora, ni pita, ni enciende ninguna luz roja, cuando la colada ya está limpia y seca te lo anuncia con la misma mala leche que tu pareja usaría para que te tires el rollo con el tendedero cuando ya no recuerdas ni dónde estaba.

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En Japón habita el futuro, o eso parece. Los pisos son atrujillados – o sea, zen y de treinta metros cuadrados- y las huestes están educadas para el más alto don de la ciega obediencia. Ése ha sido el trato: servilismo a cambio de dinero, dinero a cambio de comodidad, comodidad a cambio de servilismo. No hay posibilidad de salirse del circulo, sólo con la marginalidad o el suicidio. Ahí es hacia donde vamos.

El bien más preciado es un futón en el que arrumbarnos sin desasosiego, bien cómodos y bien desconectados del prójimo. Por eso, el futuro, que no es más que el presente de las esquinas del capitalismo, también prevé que vamos a necesitar un poco de conversación y que la nueva Internacional Socialista será una cuestión particular, privada e individual: cada uno consigo mismo.

Quizá ésa sea la razón de que en Japón te hable el semáforo, el teléfono, el ascensor y todo cachivache con un poco de sentido y uso común, pero la gente se rehúye, no admite dar un paso más allá de su propio mundo y no quiere más intimidad que la de un culo con su váter: sólo cuando sea imperativo y necesario.

Por comodidad.

Eficiencia en el hogar

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Si ya disponemos de electrodomésticos eficientes en casa, ¿cómo podemos hacer para que consuman menos energía?

Dentro de lo que todos entendemos por un uso racional de la energía, existe un apartado tan importante como es el mantenimiento de los equipos.

Ahí va un ejemplo. Todo aquel que tenga un aspirador puede ver que si la bolsa se llena el aparato deja de trabajar. Aunque en la actualidad, recomendamos comprar aspiradoras sin bolsa, son mucho más eficientes.

Es necesario, pues, cambiarla, pero también es importante limpiar el filtro de aire con una escobilla, pasar un trapo húmedo a la carcasa y el recipiente y secarlos bien. Un buen mantenimiento de la lavadora prolonga su vida útil.

Procure no instalarla en lugares muy húmedos ni en aquellos donde haga mucho calor; repase periódicamente las juntas de la instalación de la lavadora y el desagüe, esté atento a los sedimentos de cal acumulados en la resistencia y recuerde limpiar el filtro y cambiar las gomas cuando sea necesario. En el frigorífico, hay que vigilar el hermetismo de la puerta, pues el buen aislamiento del equipo depende fundamentalmente de su estado.

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Se debe limpiar el polvo del serpentín trasero, los tubos del condensador y eliminar la escarcha cuando llega a 4 milímetros de espesor.

Por su elevado consumo, la limpieza es también fundamental en el caso de los hornos. Es esencial no abrir su puerta mientras esté caliente – cada apertura supone un 20% de pérdidas- , para ello es recomendable mantener el cristal frontal en perfecto estado y asegurar que funcione la luz interior y permanece limpia, ya que si tan sólo con asomarnos vemos el estado de nuestro asado.