Los nuevos consumidores

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Se ha publicado recientemente la novena edición de «El Observador Cetelem », una especie de doxómetro sobre las tendencias en el consumo a corto plazo.

El alma de la obra es Salvador Maldonado. Se impone un homenaje nacional a ese andaluz observador, perito en curiosidades. La ocasión me da pie para echar mi cuarto a espadas sobre el peso que pueden tener los elementos no económicos en el consumo.

Después de todo, compramos lo que compramos no sólo porque disponemos de dinero, sino porque formamos parte de un ambiente, una cultura. A su vez, esa corriente cultural va cambiando, lo que lleva a que se transformen las pautas de consumo. Asombra lo decididos que son los españoles para incorporar las novedades técnicas y lo remisos que son para utilizar internet como instrumento de compra.

Consumo online

 

Prácticamente sólo se recurre a internet para adquirir artículos de ocio. Por lo demás internet (ya es nombre común, habrá que apearle la mayúscula) es un medio de diversión, para informarse y relacionarse. A la hora de comprar, los españoles llevan dentro la vieja divisa de los romanos «cáveat emptor » (tenga cuidado el comprador). Es decir, no se fían y necesitan ver los dientes y las pezuñas de la caballería.

Por otra parte, lo de comprar es parte de una función más amplia, que es la de salir, muchas veces en compañía. De ahí el éxito de los centros comerciales, que cada vez más son también de ocio. Se nos dice que va a aumentar el teletrabajo, esto es, el trabajo realizado a distancia desde el domicilio a través del ordenador y artilugios conexos.

Es cierto, pero hay que ver los costes junto a las indudables ventajas. Habrá que acondicionar las casas y sobre todo habrá que ver el riesgo de que aumenten las tensiones familiares si los adultos permanecen en el hogar todo el tiempo.

No confían los españoles en que la edad de jubilación se vaya a retrasar más allá de los 65 años. Pero esa tendencia se impondrá, queramos o no. Es más, a la larga, desaparecerá la noción de que haya que jubilarse necesariamente a una edad. Algunos sociólogos, como Enrique Gil Calvo, avizoran esa realidad de manera inmediata. Espero verla, ya que no disfrutarla.

De momento, ya tenemos una pléyade de catedráticos eméritos de Universidad que están activísimos después de jubilarse. A esa fracción me apunto. La observación sistemática de las tendencias del consumo anticipa una reconciliación entre la comida y la farmacopea. No en el sentido de que nos alimentaremos de píldoras, sino que la comida cumplirá una función más expresa de prevenir enfermedades, ahora llamadas patologías. La cosa está en marcha con la importancia creciente de las dietas, de los alimentos estudiados para evitar el exceso de grasa, de colesterol y otras miserias.

El consumidor se detiene, curioso, a ver la composición química de los alimentos, incluso del agua. Ese dato figurará alguna vez en la carta de algunos restaurantes. Por un lado, el desarrollo de las tendencias en el consumo nos va a acercar a lo que se estila en los países más adelantados. Pero esa convergencia se va a lograr, se está logrando ya, en los asuntos periféricos, las modas, el comportamiento externo. En el fondo seguirán pesando ciertos hábitos tradicionales, los que impone el pozo cultural. Por ejemplo, aunque tampoco sea muy tradicional, seguirá influyendo la costumbre que tenemos los españoles de retrasar la hora de la comida del mediodía hasta bien entrada la tarde. Me interesa mucho el conjunto de datos del Observador referidos al consumo de electrodomésticos, pues determina muchos aspectos del vivir cotidiano.

electrolux-enl60710x-fridge-lrLos de la «gama blanca » (frigoríficos, lavadoras, batidoras, etcétera) están teniendo un crecimiento desconocido en España, al compás de la frenética instalación de viviendas nuevas. Más interesante aún es el gasto medio por familia en electrodomésticos de todo tipo según las Comunidades autónomas.

Es conocida la queja de los expertos respecto a la infraestimación de las cifras de ingresos (PIB) con los datos oficiales. Concretamente, esa estadística oficial infraestima el PIB de la Comunidad Valenciana y de la Región de Murcia, donde florecen no solo los cítricos sino el dinero negro. No puede ser que Alicante tenga una renta per cápita menos que la de Teruel o Soria. El gasto por familia en electrodomésticos en 2004 nos reconcilia con la realidad. El valor es máximo en la Comunidad Valenciana, seguida de Navarra, Murcia, Cataluña y Madrid.

Esa ya es otra cosa. Está claro que los cálculos oficiales del PIB no sirven de mucho. No sería yo si no hiciera una crítica al léxico del sector de electrodomésticos. La palabra es horrible. A ver si aprenden del sector asegurador que logró – hace mucho tiempo- que llamáramos a los seguros de muerte seguros de vida. Tampoco estoy de acuerdo con las etiquetas de «gama blanca » y «gama marrón ».

El color no es un buen criterio de clasificación. Sería mejor agrupar a los artilugios domésticos en inmuebles (van con la casa: cocina, alarma, lavadora, etcétera) e inmuebles. No estaría mal que se fuera superando el color blanco para los frigoríficos y el negro para los aparatos audiovisuales. Son adscripciones simbólicas que no tienen mucho sentido. Ya hace mucho tiempo que las sábanas, las toallas o la ropa interior abandonaron la exclusividad del blanco. Los nuevos consumidores son caprichosos. El color es gratis.

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